La medición de la huella de carbono y la huella hídrica en la agricultura es esencial para evaluar y reducir el impacto ambiental de la producción agrícola, mejorando la sostenibilidad y cumpliendo con los objetivos de responsabilidad ambiental.

La huella de carbono se refiere a la cantidad total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidas directa o indirectamente durante la producción agrícola. Se mide en términos de equivalente de dióxido de carbono (CO₂e).
Uso de fertilizantes y pesticidas: La producción y aplicación de fertilizantes nitrogenados genera emisiones significativas de óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero. Maquinaria agrícola: El uso de maquinaria, como tractores y cosechadoras, que funciona con combustibles fósiles, genera emisiones de dióxido de carbono (CO₂). Riego: Los sistemas de riego que utilizan bombas eléctricas o de combustible fósil contribuyen a las emisiones de carbono. Cambios en el uso de la tierra: La deforestación o la conversión de tierras naturales en tierras de cultivo libera carbono almacenado en los suelos y la vegetación. Residuos agrícolas: La descomposición de restos de cultivos y la gestión inadecuada de estiércol emiten metano (CH₄) y óxido nitroso.
Existen diversas metodologías y herramientas para calcular la huella de carbono en la agricultura: Protocolo de GEI para la Agricultura (GHG Protocol): Este protocolo es una norma internacional ampliamente utilizada para medir y gestionar las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto directas como indirectas. Cool Farm Tool: Herramienta en línea que ayuda a los agricultores a calcular su huella de carbono basada en datos de insumos agrícolas, prácticas de manejo y emisiones generadas durante el ciclo del cultivo. AgBalance: Es una herramienta que evalúa el impacto ambiental de las actividades agrícolas, incluyendo la huella de carbono, el uso del suelo y otros aspectos relacionados con la sostenibilidad.
Uso eficiente de fertilizantes: Aplicación de fertilizantes según el requerimiento exacto del suelo y el cultivo para evitar el exceso de nitrógeno que produce emisiones de N₂O. Agricultura de conservación: La adopción de prácticas como la siembra directa, que reduce la labranza y mejora la captura de carbono en el suelo. Energías renovables: Sustitución de maquinaria que utiliza combustibles fósiles por tecnologías que funcionan con energías renovables como la solar o eólica. Manejo de residuos: Transformar los residuos agrícolas en biogás o compost, en lugar de permitir su descomposición descontrolada.
La huella hídrica se refiere a la cantidad total de agua utilizada para producir un bien o servicio, en este caso, productos agrícolas. En la agricultura, se cuantifica el agua consumida en todas las etapas de producción, desde el riego hasta la transformación del producto.
Huella hídrica azul: Se refiere al agua de fuentes superficiales o subterráneas utilizada en el riego de cultivos. Este tipo de agua se extrae directamente de ríos, lagos o acuíferos. Huella hídrica verde: Es el agua de lluvia que se almacena en el suelo como humedad y es utilizada por las plantas durante su crecimiento. Huella hídrica gris: Representa el volumen de agua necesario para diluir los contaminantes generados por las actividades agrícolas, como el uso de fertilizantes y pesticidas.
Existen diversas herramientas y metodologías para calcular la huella hídrica en la producción agrícola: Water Footprint Network (WFN): Es una de las metodologías más reconocidas para calcular la huella hídrica. La WFN proporciona una metodología clara para calcular el agua utilizada en todas las etapas del proceso productivo, diferenciando entre huella azul, verde y gris. Cálculo del agua virtual: Este enfoque mide el agua utilizada en la producción de un bien, como cultivos o productos derivados. Se enfoca en la cantidad de agua que se transfiere a través del comercio agrícola y alimentario. FAO AQUASTAT: La FAO proporciona una base de datos global que permite acceder a información sobre el uso del agua y la gestión hídrica en la agricultura.
Riego eficiente: El uso de tecnologías de riego de precisión, como el riego por goteo, puede reducir significativamente el consumo de agua en comparación con métodos tradicionales como el riego por inundación. Selección de cultivos: Cultivar variedades que consumen menos agua o que son más eficientes en el uso del agua es una estrategia clave para reducir la huella hídrica. Mejor manejo del suelo: Mantener el suelo sano y con buena capacidad de retención de agua a través de prácticas de conservación puede reducir la cantidad de riego necesario. Recuperación de aguas residuales: Implementar sistemas de tratamiento de aguas residuales para su reutilización en el riego es otra manera efectiva de reducir la huella hídrica azul. Captura de agua de lluvia: Aprovechar el agua de lluvia a través de sistemas de captación y almacenamiento ayuda a reducir la dependencia del agua azul para el riego.
Medir y gestionar la huella de carbono y la huella hídrica proporciona múltiples beneficios: Optimización del uso de recursos: Permite una gestión más eficiente de los recursos naturales, lo que lleva a la reducción de costos y una mayor sostenibilidad. Cumplimiento normativo y certificaciones: Ayuda a las empresas agrícolas a cumplir con regulaciones ambientales y a obtener certificaciones de sostenibilidad, lo que mejora su competitividad en el mercado. Mejora de la reputación: Las empresas que miden y reducen su impacto ambiental pueden mejorar su imagen frente a consumidores y mercados más conscientes de la sostenibilidad. Mitigación del cambio climático: Reducir la huella de carbono en la agricultura contribuye a los esfuerzos globales para mitigar el cambio climático. Ahorro de agua: Optimizar la huella hídrica es clave en regiones donde el agua es un recurso escaso, lo que aumenta la resiliencia frente a sequías y variabilidad climática.