El monitoreo y la programación del riego son prácticas esenciales para aumentar la eficiencia en el uso del agua en los cultivos extensivos. La implementación de tecnologías y sistemas inteligentes permite optimizar el uso del recurso hídrico, mejorar la productividad y reducir los costos asociados. A continuación, te explico los métodos y tecnologías más comunes:
La huella hídrica es un indicador del volumen total de agua utilizada para producir bienes y servicios consumidos por una persona, comunidad o país. Se expresa en metros cúbicos de agua por unidad de tiempo (como litros por kilogramo de producto o litros por día). Es una herramienta clave para entender y gestionar el impacto de las actividades humanas en los recursos hídricos.

La huella hídrica se divide en tres categorías:
1. Huella hídrica azul: Representa el agua de fuentes superficiales o subterráneas utilizada y luego retirada, como el agua de riego en la agricultura.
2. Huella hídrica verde: Mide el agua de lluvia que se evapora o transfiere en el proceso de cultivo de las plantas.
3. Huella hídrica gris: Se refiere al volumen de agua contaminada durante la producción y que se necesitaría para diluir los contaminantes, logrando así un agua de calidad aceptable.
La huella hídrica ayuda a:
- Evaluar el impacto ambiental de productos y servicios.
- Crear conciencia sobre el consumo de agua.
- Establecer estrategias de sostenibilidad en sectores como la agricultura, la industria y el comercio.
Para programar el riego de manera eficiente, es clave conocer el estado del suelo y las necesidades hídricas del cultivo.
1. Tensiómetros: Miden la tensión con la que las raíces extraen agua del suelo. Esto permite conocer si el riego es necesario o si el cultivo aún puede utilizar el agua disponible en el suelo.
2. Sensores capacitivos: Detectan el contenido de agua del suelo. Se utilizan para medir la humedad en diferentes profundidades y enviar datos en tiempo real al agricultor o a un sistema automatizado.
Equipados con cámaras multiespectrales, los drones y los satélites pueden monitorear la salud del cultivo y el estrés hídrico. Detectan zonas que necesitan más o menos agua, permitiendo un riego más específico.
Se emplean para mapear la distribución del agua en el campo y analizar datos sobre la topografía, el tipo de suelo y las necesidades hídricas. Esto permite tomar decisiones más precisas sobre dónde y cuándo regar.
La programación del riego debe basarse en el monitoreo constante de variables como la humedad del suelo, las necesidades del cultivo y el clima.
Calculan la cantidad de agua que el cultivo ha perdido a través de la evaporación y la transpiración. Con estos datos, se puede ajustar el riego para reponer solo el agua que la planta necesita, evitando el riego excesivo.
Sistemas automáticos que controlan el riego basándose en datos de sensores de suelo y clima en tiempo real. Estos sistemas permiten que el riego se realice solo cuando las condiciones lo requieren, lo que evita el desperdicio de agua.
Estrategia que consiste en aplicar menos agua de la que requiere el cultivo en ciertas etapas no críticas de su desarrollo. Esto induce un estrés hídrico controlado que puede aumentar la eficiencia en el uso del agua sin afectar significativamente el rendimiento.
Los algoritmos de aprendizaje automático pueden analizar grandes cantidades de datos históricos y en tiempo real para optimizar el calendario de riego. Los sistemas inteligentes ajustan automáticamente el riego según las condiciones actuales y las predicciones meteorológicas.
La implementación de tecnologías avanzadas de riego es clave para reducir el consumo de agua y aumentar la eficiencia.
Proporciona agua directamente en la zona de las raíces de las plantas, reduciendo la evaporación y el desperdicio de agua. Es uno de los sistemas más eficientes en el uso del agua.
Utiliza boquillas que rocían agua en gotas grandes, minimizando las pérdidas por evaporación y viento. Este sistema se usa en cultivos extensivos como el maíz y el trigo.
Los pivotes centrales y sistemas de riego lineales pueden automatizarse para ajustarse a las necesidades de cada sector del campo, aplicando diferentes volúmenes de agua según las condiciones específicas.
Los datos climáticos juegan un papel fundamental en la programación del riego.
Si se pronostican precipitaciones, el riego puede reducirse o posponerse.
Durante periodos de alta temperatura y baja humedad, las plantas pierden más agua, lo que requiere un ajuste en el riego.
Los sistemas de control automatizados, a menudo conectados a redes de sensores y a plataformas digitales, pueden tomar decisiones sobre el riego sin intervención humana.
1. Ahorro de agua: Al ajustar el riego a las necesidades reales del cultivo, se puede ahorrar hasta un 40-50% de agua.
2. Mejor crecimiento y rendimiento de los cultivos: Las plantas reciben la cantidad adecuada de agua en los momentos óptimos, lo que mejora la salud del cultivo y la productividad.
3. Reducción de costos: Se minimiza el uso innecesario de agua y energía, lo que reduce los costos de producción.
4. Sostenibilidad: El uso eficiente del agua contribuye a la sostenibilidad del ecosistema y conserva los recursos hídricos.